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SILENCIO, PRIMER “ENEMIGO” A COMBATIR EN MATERIADE SUICIDIO, INDICA JUAN FRANCISCO CEBALLOS

El suicidio no es el deseo de morir, sino la respuesta a un dolor emocional intenso ante la aparente falta de alternativas; se trata de un fenómeno multifactorial y un grave problema de salud pública, destacó el académico de la Facultad de Trabajo Social (FacTS) de la UNAM, Juan Francisco Ceballos Yáñez.

El primer “enemigo” a combatir es el silencio, además de los estigmas y la falta de educación emocional, elementos que pueden contrarrestarse mediante la escucha y el acompañamiento profesional, subrayó.

No desean morir, sino que experimentan un sufrimiento emocional tan profundo que perciben a la muerte como la única salida para acabar con el dolor que padecen de manera frecuente, recalcó el especialista en comportamiento humano y bienestar comunitario al ser entrevistado en el programa Vida Cotidiana. Sociedad en Movimiento, coproducido por Radio UNAM y la FacTS.

Durante la transmisión dedicada al tema “El suicidio: señales, escucha y acompañamiento oportuno”, abundó que es un fenómeno que abarca componentes biológicos, individuales, familiares y contextuales.

Entre los factores desencadenantes están: situaciones traumáticas, pérdidas significativas, duelos y rupturas amorosas. También influyen condiciones socioeconómicas y sociales como desempleo, pobreza, exclusión, discriminación y aislamiento, detalló en ocasión del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemoró el pasado 10 de septiembre.

A nivel personal, indicó Juan Francisco Ceballos, influyen factores como dificultad para expresar las emociones y la carencia de una red de apoyo que brinde contención o ayude a resolver los desafíos de la vida cotidiana, además de dificultades de salud mental, aunque es un factor determinante.

Guardar el dolor

El hecho de que un familiar se quite la vida suele mantenerse oculto debido a la vergüenza, rechazo o culpa. La educación emocional en los centros escolares es clave para desarrollar la confianza necesaria, a fin de manifestar lo que nos afecta. Asimismo, recibir un abrazo de un compañero en el trabajo o en la escuela puede hacer una gran diferencia cuando más se necesita.

Carecer de esa posibilidad te limita para reconocer cómo te sientes y compartir ese dolor que puedes sentir a lo largo de las diferentes situaciones que se presentan en la vida diaria. Otra limitante son los estigmas en torno a recibir atención psicológica, social, psiquiátrica y farmacológica, debido a los mitos y prejuicios al creer que una persona con pensamientos suicidas está loca, enfatizó el experto.

De acuerdo con el universitario, ello provoca que la persona sienta pudor y miedo a expresarse, por lo que prefiere guardarse el dolor y la tristeza, sentimientos que se acumulan como un globo que se infla hasta explotar y, al final, solo vemos el suicidio, sin notar todo lo que había detrás. A esto se suman las barreras institucionales, como la falta de espacios que brinden atención oportuna y los altos costos económicos.

Un obstáculo más es la falta de capacitación de profesores y de ciertos profesionales, dentro de los cuales están las y los trabajadores sociales, además de actores en los espacios cotidianos para identificar señales de riesgo y brindar acompañamiento y contención.

Ceballos Yáñez sugirió buscar ayuda profesional o algún canal que brinde contención en un momento de crisis; o bien, expresar lo que se siente a través de un dibujo o un poema, y compartirlos con aquellos que estén a su alrededor.

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