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EL TIPO DE ACTIVIDAD LABORAL INFLUYE EN LOSHÁBITOS ALIMENTARIOS, ENFATIZA TIANA BAKIĆ

El trabajo, además de ser una actividad económica, es un espacio fundamentalmente social y de socialización, mediante el cual se adquieren identidades, preferencias, rutinas y se reproducen relaciones de poder, desigualdades e identidades; las actividades pueden tener diferentes implicaciones alimentarias, externó Tiana Bakić Hayden.

La integrante del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México señaló que las sociedades contemporáneas -sobre todo en las ciudades- presentan variedad laboral. Incluso entre empleos con ingresos similares existen marcadas diferencias en cuanto a horarios, entorno, grado de aislamiento, convivencia y autonomía, por ejemplo.

Al dictar la conferencia “Comer trabajando: repensar la alimentación a partir de los mundos laborales”, organizada por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional, añadió que gran parte de las y los mexicanos mayores de 15 años cuenta con un empleo remunerado, ya sea en la economía formal o informal.

En marzo de 2026 la tasa de participación ocupacional fue de 58.6 por ciento de la población, mientras que el índice de informalidad se ubicó en 54.8 por ciento, prosiguió.

México, subrayó, registra una de las jornadas más largas a nivel global y la más elevada de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: dos mil 193 horas anuales en 2024.

Ello es importante porque las personas pasan más tiempo fuera del hogar, que en otros países. Se agregan los amplios tiempos de traslado: para ir al trabajo 58 por ciento tarda de 31 minutos a dos horas.

Momento para compartir

Bakić Hayden y sus colaboradores realizaron un estudio cualitativo basado en entrevistas y observación en cinco categorías: trabajadores domésticos; barrenderos y personal de limpieza; albañiles y ayudantes en la construcción; cargadores; y conductores de camiones, autobuses, taxis y autos de pasajeros, actividades que aun cuando comparten la precariedad salarial y altas tasas de informalidad, se llevan a cabo en entornos y condiciones diversas.

En la Ciudad de México hay, en promedio, 45 mil personas ejerciendo como albañiles, hombres casi en su totalidad, con un salario promedio de 7 mil pesos mensuales y nivel alto de informalidad. Sus jornadas son de ocho a nueve horas de lunes a viernes, y medio día los sábados. Generalmente se les respeta su hora de comida y de descanso; comen al mismo tiempo, comparten alimentos y entre todos compran tortillas y refrescos. Es un momento social.

De las personas trabajadoras del hogar, 161 mil están empleadas con un sueldo mensual promedio de 4 mil 100 pesos, casi todas son mujeres. Las entrevistadas se desempeñan en la modalidad “entrada por salida”; en numerosos casos desayunan o comen donde se desempeñan, aunque hay a quienes se les restringe o condiciona consumir lo que queda después de que el resto de la familia comió.

Tiana Bakić agregó que en ese caso lo alimentario se vuelve un sitio de lucha simbólica. “Se saltan comidas para apurarse y regresar a sus casas más rápido y, en ese sentido, sienten que no comen en los horarios que les gustaría”.

Observaron que un alto porcentaje de quienes laboran tiene gastos elevados en alimentos fuera del hogar. Destinan de 20 a 30 por ciento de lo que ganan en un día. Al comprar café, tortas, pan, tacos, comida corrida, refrescos, por mencionar algunos, invierten de 150 a 200 pesos al día.

Entre las quejas recurrentes está la falta de tiempo y de un lugar para comer. Son pocas las personas con posibilidad de hacerlo con sus semejantes; lo llevan a cabo de manera aislada, como sucede con los transportistas, ello genera sensación de insatisfacción, finalizó Tiana Bakić.

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