Hoy se busca el reconocimiento del cuidado como derecho humano, aunque es necesario tomar medidas para que además esa tarea, asignada a las mujeres, se redistribuya, se brinde en los hogares, se haga partícipe a la sociedad, y que el Estado regule acciones para quitarle a ellas esa carga, afirmó la especialista del Centro de Investigaciones en Estudios de Género de la UNAM, Edith Ortiz Romero.
Señaló que todas las personas podemos brindar atenciones y también recibirlas. Se requiere considerar el valor de este trabajo, asegurar el derecho de quienes los necesitan y de aquellos que los proveen, además del ejercicio del autocuidado.
Esto último es importante porque está vinculado a la salud física y emocional de quienes los brindan, prosiguió la experta al impartir la conferencia magistral Ética del cuidado en tiempos de crisis: horizontes bioéticos para una sociedad que sostiene, organizada por la Comisión Interna para la Igualdad de Género del Programa Universitario de Bioética.
La universitaria resaltó que asistir a otros compete a las mujeres y a las demás personas del núcleo familiar, red social y entorno. “En agosto pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció los cuidados como un derecho humano autónomo y estableció que esta facultad tiene tres dimensiones básicas: ser cuidado, cuidar y el autocuidado”.
Todas y todos los requerimos, en mayor o menor medida, a lo largo de nuestra vida. El problema es quién cuida, desde esa perspectiva nos preguntamos quién lo ha hecho y quién lo seguirá haciendo, y qué implica para las personas cuidadoras, destacó Ortiz Romero.
Participación inequitativa
Mencionó que con base en datos de 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 78 por ciento de los hogares tenía al menos un integrante que los necesitaba; había 58.3 millones de personas con necesidades de cuidados, lo que representaba 45.2 por ciento de la población total; y 42 por ciento requería algún tipo de específico.
Además, recalcó que del total de las personas de 15 años y más, 31.7 millones (32 por ciento) los brindaron en su propio hogar o en otros, 75 por ciento de ese porcentaje fueron mujeres y 24 por ciento hombres.
Edith Ortiz Romero expuso que las cuidadoras de personas con discapacidad son, en su mayoría, las hijas o madres; de las infancias, 86 por ciento se hacen cargo las mamás y abuelas; quienes principalmente atienden a personas de seis a 17 años son las madres (81 por ciento), y los padres (seis por ciento), así como las abuelas (seis por ciento).
De los adultos mayores de 60 años y más, son hijas, nietas, pareja o cónyuge, hijos, nietos y algunas personas con otro parentesco. “Esa es la realidad que vamos viendo y en donde las mujeres están presentes”, alertó.
Aunque en esos procesos hay intervención de hombres y mujeres, no es equitativa. A partir de una perspectiva de género tiene que ver con roles y espacios asignados históricamente, lo que implica mayor carga de labor hacia ellas.
Planteó que el sector femenino dedica, en promedio, 28.2 horas a la semana al trabajo doméstico, en tanto que los varones 11.5. La diferencia es casi de 16 horas. Al cuidado de personas ellas ocupan 13.6 horas y ellos 8.7 horas.
El hecho de que dediquen más tiempo a estas actividades que los hombres tiene implicaciones o afectaciones a la salud física y emocional de ellas.
Planteó que, para cumplir con el derecho al cuidado, en México debe establecerse un sistema nacional progresivo en el cual el Estado participe a través de sus instituciones.
Para que funcione hay que proveer servicios públicos de mayor calidad, eficientes y suficientes; empleos, educación e infraestructura especializada como estancias infantiles, así como hospitales, apuntó.
Se apuesta por aquellas personas que requieren de atenciones y por las cuidadoras. Más que una carga, precisó, los cuidados deben verse como una vivencia del día a día, es decir, que no se perciba como un asistencialismo en el que el Estado y las familias deben proveerlo.
La apuesta sería hacia una sociedad del cuidado y para ello debe haber una educación a partir de las infancias para que empecemos a tener esa responsabilidad, resaltó Ortiz Romero.





