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México no es Venezuela: datos, soberanía y límites claros a cualquier intervención

Jorge Luis Preciado Rodriguez

Conviene decirlo sin rodeos y con base en hechos: México no es Venezuela y no existen las condiciones políticas, económicas, jurídicas ni diplomáticas que permitan siquiera insinuar un escenario de intervención como el ocurrido en ese país. Equiparar ambas realidades no solo es incorrecto, es irresponsable.

Venezuela llegó a un punto de ruptura institucional tras años de desmantelamiento democrático. Nicolás Maduro se reeligió por tercera vez en procesos ampliamente cuestionados, sin garantías mínimas de competencia política, sin reconocimiento internacional suficiente y con señalamientos directos de que sectores del propio Estado estaban vinculados al narcotráfico, al tráfico de armas y al crimen organizado transnacional. La relación con Estados Unidos se convirtió en una confrontación abierta, marcada por sanciones económicas, ruptura diplomática y ausencia total de cooperación.

México se encuentra en una realidad radicalmente distinta.

Legitimidad democrática y Estado de derecho

La presidenta electa Claudia Sheinbaum obtuvo 36 millones de votos, la mayor votación en la historia del país. El proceso electoral se realizó con instituciones autónomas, observación nacional e internacional y reconocimiento inmediato de los resultados. México mantiene alternancia política, división formal de poderes y un sistema constitucional vigente. En Venezuela, esos elementos dejaron de operar hace años.

Relación económica con Estados Unidos: integración vs. aislamiento

Las diferencias económicas son contundentes:

• México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos, con un intercambio diario de miles de millones de dólares bajo el T-MEC.

• Venezuela, en cambio, fue objeto de sanciones económicas severas, quedó prácticamente excluida del sistema financiero internacional y perdió acceso a mercados estratégicos.

• México es un destino clave de inversión extranjera directa, particularmente en sectores industriales, energéticos y de manufactura avanzada.

• Venezuela experimentó una contracción económica histórica, colapso productivo y salida masiva de capitales y talento.

No se puede intervenir a quien está profundamente integrado y cooperando con el sistema económico internacional como si fuera un Estado aislado y sancionado.

Cooperación en seguridad: hechos, no discursos

México sí coopera activamente con Estados Unidos en los temas más sensibles:

• Detención, procesamiento y extradición de líderes criminales de alto perfil.

• Coordinación bilateral contra el narcotráfico y el tráfico de armas.

• Gestión conjunta del fenómeno migratorio, uno de los temas prioritarios para Washington.

• Diálogo constante en materia de seguridad fronteriza y regional.

En Venezuela no existía cooperación; existía confrontación. En México hay coordinación institucional permanente.

No intervención no es confrontación

Defender el principio de no intervención no significa romper relaciones ni desafiar a Estados Unidos. Significa algo más elemental: respetar el derecho internacional y la soberanía de los Estados. La fuerza no puede convertirse en un mecanismo normalizado para resolver diferencias políticas, especialmente cuando existen canales de cooperación activos y funcionales.

México no protege criminales desde el Estado, no ha institucionalizado la ilegalidad como política pública y no ha roto con la comunidad internacional. Por el contrario, participa activamente en foros multilaterales, respeta tratados internacionales y mantiene diálogo permanente con sus socios estratégicos.

Por eso, cualquier intento de equiparar a México con Venezuela es falso y peligroso. Falso, porque ignora datos objetivos. Peligroso, porque normaliza la idea de que la intervención puede ser una herramienta legítima frente a gobiernos con los que se discrepa.

Una línea clara

México debe mantener su postura histórica: diálogo, cooperación y respeto mutuo, pero siempre con soberanía. Esa postura no es debilidad; es responsabilidad de Estado. Aceptar la intervención como método sería aceptar que mañana cualquier país —especialmente aquellos con relaciones asimétricas con grandes potencias— pueda ser objeto de decisiones unilaterales.

México coopera, pero México decide.


Y conviene reiterarlo, con datos y con firmeza:


México no es Venezuela.

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